En la
medida en que los días corren y nos acercamos al 25 de mayo, cita democrática
para la elección por votación popular del presidente de los colombianos, las
tendencias de los electores se despejan; es lo que entre otras cosas se pone de
manifiesto en las más recientes encuestas de opinión (véase El Espectador del
30 de abril - 2014).
Señala esa
encuesta que los potenciales electores, mayoritariamente se están alineando en
torno al Candidato-presidente, J. M. Santos y al aspirante de los uribeños,
Oscar I. Zuluaga, servil absoluto para que vuelva y siga reinando quien fuera
presidente por dos periodos, Alvaro Uribe Vélez. El primero registra para la primera vuelta un
30% de intención de los votantes, mientras que el segundo, precisa un 20%.
Como nunca
antes, los demócratas colombianos, más allá de sectarismos y estrechez de mira,
debemos con sentido práctico, simplificar las cosas no permitiendo una segunda
vuelta que pueda permitir la manguala
de la derecha cavernaria cuya amenaza mayor la constituye el eventual
retorno de la “seguridad democrática” con sus “falsos positivos”, el incremento
del desempleo y la pobreza, el aborto de la negociación de paz en La Habana y
el desencadenamiento de un nuevo periodo de violencia con más desplazados y
mayores víctima, es decir, el triunfo de Uribe en cuerpo ajeno con San
procurador a bordo; sería el triunfo de lo primario, lo atávico. Los demócratas
colombianos debemos en consecuencia movilizarnos diligentes a los puestos de
votación para derrotar las pretensiones de Uribe y su fronda mafiosa y
revanchista.
En términos
prácticos, no obstante la diversidad de matices en juego, con excepción de
Clara López y su fórmula vicepresidencial, los otros aspirantes incluyendo al
eternamente gelatinoso Enrique Peñalosa, son fuerzas proclives al Patrón Uribe
y su “hijo bobo” que podrían en segunda vuelta pescar en río revuelto hasta
causar un oneroso retroceso en nuestra historia.
No nos
llamemos a engaño, no estamos aún en tiempos de sorpresas por el lado de la
izquierda progresista y democrática. Peñalosa no es garantía de nada…Y entre
las dos opciones predominantes en juego, Santos, “renegado del uribismo” (para
bien de la salud de la libertad e independencia personal), es el menos malo,
con el valor agregado de que en un segundo gobierno, Colombia
ha de alcanzar el fin del conflicto armado por vía de la negociación política,
abriendo nuevas y promisorias posibilidades de desarrollo con inclusión y, profundización de la democracia!, un
avance significativo en la tarea civilizatoria de la humanidad.
Ramiro del Cristo Medina Pérez.
C de c. No 7. 521.165
Santiago de Tolú, abril 30 - 2014
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